El Tártaro; el infierno griego y sus castigos


     Es frecuente que, cuando se intenta identificar el infierno cristiano con un equivalente en la mitología greco/romano, suele hacerse comparándolo con el Erebo o Averno, según la mitología de que se trate y suele colocarse a Hades como dios de los infiernos. Pues bien, esta comparaciones son bastantes imprecisas ya que estos lugares, entes o deidades tienen un espectro mucho más amplio de acción, ya que el Erebo es todo el mundo subterráneo, donde se incluiría el mundo de los muertos, todo el mundo de los muertos, el de los buenos, que irían a los Campos Eliseos, el de los mediocres, que quedarían en la llanura de Asfódelos y el de los que iban a ser castigados eternamente, en el equivalente al infierno,  pero además formarían parte de él, todo el resto de elementos que se encuentran bajo la Tierra, y Hades seria el dios de todo ello, no solo de los muertos, también de las riquezas mineras por ejemplo, además de que no es del todo justa la imagen, que fundamentalmente gracias al cine, se tiene de este dios, como que se trata del malo de la película, ya que más bien se trata de un personaje que vive aislado de los sucesos de los humanos vivos y es lo estricto que debe de ser el encargado que los muertos no salgan de su mundo y deambulen libremente por la superficie de la Tierra. ¿Alguien puede imaginarse como podría ser un mundo donde pudieran estar mezclados vivos y muertos? Pues esta difícil misión es la encomendada a este dios.

El Tartaro

El Tartaro

               Ahora bien para identificar un infierno, como lugar de castigo de los muertos, debemos profundizar aún mucho más en las entrañas de la tierra, exactamente la misma distancia que hay desde el cielo a la tierra pero en dirección contraria, según Hesiodo esa distancia es la que recorrería un yunque de bronce cayendo durante nueve días, llegando el décimo. Y este lugar tiene un nombre, el Tártaro, uno de los entes más antiguos, ya que apareció después de Caos junto con Gea o tras ella. Al igual que ocurre con Gea, tradicionalmente se le ha considerado descendiente de Caos, pero si nos atenemos a como lo narra la Teogonía, este “apareció” después de Caos, no “nació” de Caos, al igual que ocurre con la diosa Tierra, y como si lo hizo por ejemplo Erebo.

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Claudio, un emperador singular


     Dedicaré esta entrada a un personaje, en concreto a un emperador romano, que si bien la mayoría que ostentaron este cargo tenían sus particularidades, algunos muy extremas, al que vamos a dedicar el presente artículo anda sobrado de ellas.

     Y este no es otro que Tiberio Claudio Druso, que ha pasado a la historia como el Emperador Claudio, y que socialmente es conocido por la famosa obra de Robert Graves. Nacido en Lugdunum (Lyon), en la Galia en 10 ac. en las calendas de agosto, era hijo de Decimo Nerón Druso y Antonia la Menor. De él se decía que se trataba de “un monstruo humano que la naturaleza había comenzado pero que no terminado” o que “una caricatura de hombre y aborto de la naturaleza”, y de esta forma no lo describió cualquier persona o enemigo, lo hizo su propia madre quien no dudaba en insultar a otros diciendo “eres más tonto que mi hijo Claudio”, incluso su abuelo lo consideraba digno del mayor desprecio.

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     Como es de suponer, cuando tu propia madre habla así de ti, tu infancia y juventud no pueden ser muy agradables. Pero ¿a qué se debe esta actitud? La respuesta es clara, ser trataba de un personaje con innumerables taras físicas, tales como cojera, ataques de tos, dolor intestinal, tartamudez, babeo, sufría de frecuentes espasmos y tics a la par que padecía un gran número de enfermedades. En la actualidad una de las teorías dice que podría sufrir de parálisis cerebral, pero como siempre cada uno tiene la suya. Claro está, con esta apariencia física, pronto fue considerado no apto para cargo público o privado, pese a que pertenecía a la familia real ya que era sobrino nieto de Augusto, nieto de Marco Antonio y sobrino de Tiberio. Todo esto mientras veía como la fama de su hermano, Germánico iba en aumento y se convertía en un héroe de guerra por sus campañas en Germania, de ahí su nombre, y era considerado por muchos como un posible sucesor del emperador, circunstancia truncada por su muerte.

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