Las guerras de los Diádocos; La herencia de Alejandro Magno.


Es muy conocida, con más o menos detalles, la historia de Alejandro el Grande y la conquista de su vasto imperio. Sin embargo, para la mayoría, con su muerte parece acabar la historia de estos territorios, si bien conocemos la repercusión cultural posterior del conocido como periodo helenístico. Pero ¿qué paso con todos esos territorios controlados? ¿Quién pasó a gobernarlos y como se distribuyeron? Vamos a tratar de conocer, al menos los pasajes más significativos de la herencia de Alejandro, pese a la complejidad que tiene resumir tantos hechos con tantos personajes, de una forma clara. Comienza la historia de los Diádocos o Sucesores de Alejandro.

Lejos quedó ya la época de las ciudades estados griegas, con gobiernos independientes, aunque con el control de las polis dominantes en cada momento, Atenas durante la parte del siglo V ac, Esparta en la transición de siglo y Tebas sustituyendo a esta última ya en el siglo IV ac. Y llegó a su final con la irrupción del Filipo II y sus macedonios, que controló bajo un único mando a los pueblos helenos. Tras él llegó su hijo Alejandro consiguiendo la expansión territorial hacia el este, hasta la India, tras acabar con el dominio persa de la zona, situando la capital de su imperio en la fastuosa Babilonia. Con todo esto quedaba casi en el olvido la Grecia clásica y su novedosa forma de gobierno demócrata, al menos en muchos de las polis. No obstante aun intentarían recuperar su independencia del poder macedonio, en varias revueltas, como la de Demóstenes en Atenas, pero todas acabarían en fracaso y acentuarían aun más el poder macedonio en la zona.

Muerte de Alejandro Magno

Muerte de Alejandro Magno

      Hasta aquí, a grandes rasgos la evolución de los territorios griegos hasta la irrupción del magno. Sin embargo un genio como el de Alejandro, es difícil igualar y sustituir, aún más cuando muere joven y sin dejar un heredero que se haga cargo de su legado, dejando el mayor imperio conocido hasta el momento sin un líder claro que lo administre. Y eso es lo que pasó en 323 ac., cuando Alejandro muere por culpa de unas fiebres de las que se desconoce su origen y como no, hay teorías de todo tipo al respecto, pese a que tenía un hijo, nacido en 327 ac, no reconocido, ya que había sido producto de una relación extramatrimonial, con Barsina, la viuda del rey Memnón, durante el asedio a Tiro y por tanto un bastardo no podía heredar el cargo. Tampoco había designado un sucesor, lo más aproximado, según cuenta la leyenda, fue que manifestó que debía sucederle el más fuerte, evidentemente no podía ser más ambigua la frase. Igualmente, estando ya moribundo Pérdicas recibió el anillo real que lo hacía protector de la monarquía, bueno lo recibió o lo cogió nunca se sabrá. De esta manera este general se hacía cargo de buscar la mejor salida a la situación.

Territorios conquistados por Alejandro Magno

Territorios conquistados por Alejandro Magno

      Pronto comenzaron a verse dos tendencias, los partidarios de la monarquía única, lo que mantenía la integridad del imperio, y los partidarios de repartir las tierras conquistadas a falta de alguien con la capacidad de Alejandro para gobernarlas.

Sin embargo había una circunstancia que incluso el mismo rey desconocía en el momento de su muerte, ya que Roxana, una bactriana con la que se había contraído matrimonio, estaba embarazada, vislumbrándose la posibilidad de un heredero legítimo en caso de ser varón, como así fue. Pero no todos eran partidarios de que el hijo de una bárbara fuese nombrado rey, por lo que surgió otra alternativa real, un hermanastro de Alejandro, hijo de Filipo II, llamado Filipo Arrideo. Sin embargo este personaje tenía significativas deficiencias mentales y epilepsia.

Con todo esto, Pérdicas citó a los generales del rey fallecido en Babilonia, para acordar entre todos la forma de proceder. Eran muchos los problemas que se planteaban y quizás demasiadas personas para conseguir llegar a un acuerdo. A la cita acudieron todos menos Antípatro, que se encontraba ejerciendo la regencia en Macedonia, Crátero que volvía con los veteranos a sus casas, y Antígono que gobernaba Frigia garantizando la comunicación entre Asia y Europa. No fueron convocados ni Nearco, jefe de la flota, ni Peucestas, sátrapa de Pérside, quedando marginados en el tratado. Pese a las difilcutades, finalmente se llegó a un acuerdo, con pintas de no ser definitivo, donde se compartiría el trono del imperio por el hermanastro de Alejandro, que pasaría a ser Filipo III y el futuro hijo del fallecido, que sería Alejandro IV. Igualmente se repartieron cargos y territorios entre los generales quedando Pérdicas a cargo del ejército imperial, ejerciendo como una especie de árbitro, Antipatro seguiría como regente en Macedonia, Crátero actuaría como tutor de los dos reyes y general del ejército de Asia, Ptolomeo gobernaría en Egipto, Lisímaco en Tracia, Antígono en Panfilia, Licia y la Gran Frigia, Eumenes en Capadocia y Paflagonia y Leonato en Frigia Helespontica, Seleuco por su parte era el gran jefe de la caballería.

También se trataron otros asuntos, como que hacer con el cuerpo de Alejandro, conscientes del prestigio que otorgaría al lugar donde se ubicase su mausoleo, en Macedonia o en el templo de Amón en Siwa. Y fue difícil llegar a un acuerdo, pero finalmente se decidió que fuese trasladado a a su país natal. También resulta significativo el resultado de las votaciones entre las tropas para ver si se continuaba con los deseos del rey muerto, como eran crear un monumento fúnebre a Hefestión, el amigo íntimo del soberano fallecido, construir mil naves para la conquista de Africa, la fusión racial con Asia, erigir templos colosales y construir una gran tumba a Filipo II en Macedenia, todas ellas recibieron el voto negativo de éstas.

Una vez hecho este primer reparto, cada uno se fue a los dominios adjudicados, llevándose tantas tropas y dinero como pudieron reunir. Sin embargo lejos de que este acuerdo acabase con cualquier disputa entre ellos, fue el comienzo de las guerras entre los diádocos.

Como ya indiqué, todos estos acuerdos tenían visos de no perdurar mucho tiempo, ya que cada uno de los implicados tenía sus propios planes que no tardarían en intentar desarrollar. A todo esto se unía las revueltas que pronto comenzaron a sucederse en los distintos territorios, intentando aprovechar la inestabilidad que había provocado la muerte del monarca. Estas fueron más relevantes en los territorios griegos, que vieron la oportunidad de liberarse del “yugo” macedonio, ya que la zona asiática, conquistadas por Alejandro, la calma fue la nota predominante, muy integrados gracias a las políticas de mestizaje llevadas a cabo por el conquistador. Las revueltas más significativas las sufrieron los territorios gobernados por Antípatro, Crátero y Leonato, este último muerto durante estas contiendas. No obstante acabaron con el mantenimiento del control macedonio, siendo la victoria de más significativa la de Crátero sobre los sublevados atenienses en la batalla de Cranón en 322 ac.

Territorios de los Diádocos 312 ac.

Territorios de los Diádocos 312 ac.

      Pronto comenzaron los movimiento en pos de conseguir los objetivos individuales que cada se proponía, organizándose dos bandos en virtud de sus intereses. En 320 ac. en Macedonia, Olimpiade, madre del difunto Alejandro, mantenía una profunda enemistad con el regente, Antípatro, y comenzó a movilizarse en pos de garantizar el reinado en solitario de su nieto, Alejandro IV. Para ellos casó a su hija Cleopatra con Pérdicas, gran partidario de mantener el imperio y tutor de los dos reyes, considerando esté, que su matrimonio con la hermana de Alejandro, sería una importante baza a su favor para la consecución de sus planes. De esta forma se agruparon por un lado Pérdicas y Eumenes, mas partidarios de mantener el imperio y por otro Antípatro, Crátero, Lisímaco y Antigono con claras tendencias a dividirlo.

Con estos últimos también mostró su acuerdo Ptolomeo, pero desde la distancia, ya que éste comenzaba a materializar sus propios planes de manera individual, que no eran otros que montar su propio reino en Egipto Para ello se hizo fuerte en sus territorios tras hacerse con el féretro del Magno, cuando dos años después de su muerte, era trasladado hacia Macedonia, a su paso por Siria, llevándoselo hacia Menfis, sepultándolo definitivamente en Alejandría, en un templo construido para él. De esta forma, llenaba de prestigio su reino, convirtiendo el sepulcro en lugar de peregrinaje durante siglos, incluso para emperadores, hasta su misteriosa desparición, desconociéndose en la actualidad su paradero. Además, se anexionó los territorios de la Cirenaica y se había hecho con las sustanciosas riquezas del sátrapa Cleómenes, anterior gobernador de Egipto, nombrado por Alejandro y confirmado por Pérdicas, haciéndolo matar por considerarlo partidario de este último.

Pronto comenzaron los movimientos de tropas de todos los contendientes, y Pérdicas decidió atacar en primer lugar Ptolomeo, en lo que se convertiría en la peor de sus decisiones. En su despliegue hacia las tierras egipcias, al pretender cruzar el Nilo, el rio arrastró a dos mil de sus tropas, que hacían de avanzadilla, lo que provocó que los generales de su ejército, ya enfurecidos por contratiempos anteriores, se revelasen contra él y acabasen con su vida. Esta circunstancia fue rápidamente aprovechada por el nuevo rey de Egipto, que cruzó el rio, entregando víveres a las maltrechas tropas, y ofreciéndoles sueldo como mercenarios de su ejército. La oferta fue rápidamente aceptada, cambiando el objetivo militar de estos, señalando ahora a Eumenes, que había permanecido en Babilonia. Éste último, sin embargo había atacado la Capadocia, derrotando a Crátero y Neoptolemo, sátrapa de Armenia, acabando con ellos.

Por todos estos acontecimientos, la relación de fuerzas había cambiado, lo que obligaba a nuevas estrategias. Para ellos, en julio de 320 ac. Antípatro, Antígono y Seleuco, se reunieron en Siria para un nuevo reparto de territorios. Ptolomeo sin embargo no acudió, decidido ya definitivamente a asegurar su neoreino. De esta forma, quedaron repartidos los nuevos cargos, quedando Antípatro como nuevo regente de los dos reyes, llevándoselos a Macedonia, Seleuco quedaba al frente de la satrapía de Babilonia, Lisímaco consevaba Tracia y Antígono quedó con Anatolia y las satrapías orientales, con el encargo de conducir su fabuloso ejercito contra el ahora único enemigo común, Eumenes. A este le surgieron nuevos problemas, ya que era el único diadoco que no era de origen macedonio, sino cretense, y partidario de las monarquías absolutas, de ahí su alineamiento con el fallecido Pérdicas, lo que provocó que sus tropas no le fuesen fieles, siendo abandonado por éstas, provocando su huida a los montes del Tauro, donde sufrió un implacable asedio por parte de Antígono, ahora el más poderoso de todos ya que controlaba la mayor parte del ejercito imperial.

De esta forma los territorios del imperio de Alejandro, quedaba en tres zona bastante equilibradas, como son, Macedonia, Egipto y Asia. Pero este equilibrio no debía dura mucho ya que en 319 ac. muere Antípatro y su legado provocó nuevamente alteraciones en el estado de ánimo de los involucrados. Esto fue provocado por que el fallecido pasó el poder a su amigo Poliperconte en vez a su hijo Casandro, con el consiguiente malestar de éste. Sin embargo el detonante definitivo fue la decisión de Poliperconte de volver a traer a Olimpiade a Macedonia para que ejerciera de tutora de su nieto Alejandro IV, provocando la declaración de guerra de Casandro, aliándose para ello con Antigono.

Antigono que continuaba el asedio de Eumenes, cambia de estrategia y decide que aquel le sería más útil a su lado por lo que levanta las acciones contra él y trata de atraerlo al objetivo común con Casandro. Sin embargo, también recibió una oferta parecida de parte de los otros contendientes, Poliperconte y Olimpiade, decidiéndose definidamente por esta última opción. Igualmente los dos bandos trataron de atraer hacia su lado a las polis griegas, con la recurrente promesa de devolverles ciertas libertades perdidas con el dominio macedonio.

Por otro lado, en 317 ac., aparece la figura de Euridice II esposa de Filipo Arrideo, mujer ambiciosa que decide defender las opciones de su marido, pese a sus limitaciones intelectuales, de gobernar en solitario, por lo que forma un ejército, alineándose con Casandro, partiendo en contra Olimpiade. Sin embargo, pronto acabaron sus opciones, ya este ejército no quiso luchar contra la madre de su antiguo Rey. Esto provocó que el apresamiento del matrimonio aspirante al trono en solitario, tras lo que la impacable Olimpiade mandó ejecutar a Filipo e hizo suicidarse a su esposa, lo que dejaba el camino expedito a su nieto para un reinado en solitario.

Pero sería ésta una fugaz alegría, ya que Casandro consigue invadir Macedonia, apresando a la madre del Magno y ejecutándola por lapidación, haciéndose con la regencia de Alejandro IV.

Mientras en Asia Antigono y Eumenes, luchaban encarecidamente, llegando a la batalla de Paraitacene, en 316 ac. la cual acabó con final incierto. Pero poco después el cretense sería nuevamente traicionado por su ejército que lo entregó a su enemigo que lo hizo ejecutar. De esta manera Antígono camparía a sus anchas por Asia, llegando a conseguir la marcha de Seleuco que se refugió junto a Ptolomeo en Egipto. Hasta que Casandro, Ptolomeo y Lisímaco, tomaron partido por aquel, exigiendo la devolución de sus dominios, por lo que tras varias batallas, llegaron a un nuevo acuerdo donde quedarían las fronteras de forma parecida, con posteriores variaciones como la cesión por parte de Seleuco de los territorios próximos a India a reyes locales, por su dificultad para gobernarlos.

En esta situación comenzó a verse de forma más o menos la fragmentación definitiva del imperio de Alejandro y la creación de los nuevos reinos. Solo en Macedonia quedaba por dirimirse aún su destino, hasta que en 309 ac., Casandro decidió acabar definitivamente con los restos de lo que aún simbolizaba la pervivencia del antiguo imperio, personalizados en Alejandro IV aún con trece años y su madre Roxana a los que mandó ejecutar.

De esta forma quedaba vía libre para la consolidación definitiva de los nuevos reinos, donde los antiguos generales de Alejandro Magno fueron otorgándose a si mismos el título real de sus territorios. Así pasarían a ser Ptolomeo I Soter en Egipto, Antígono I Monoftalmos en Oriente Próximo , Seleuco I Nicátor en Asía, haciendo lo mismo Lisímaco en Tracia y Casandro que finalmente se haría llamar Rey de los Macedonios.

Pero aún surgirían nuevos conflictos hasta la confirmación definitiva de los nuevos reinos, en lo que sería la cuarta guerra de los Diadocos, empezando por los intentos de Antigono de hacerse con la totalidad del imperio, en compañía de su hijo Demetrío llamado a si mismo Poliorcetes (asediador de ciudades) los cuales comenzaron el ataque a diversas ciudades provocando, como no podía ser de otra forma, la unión del resto de interesados. Hasta llegar a la Batalla de Ipsos, en 301 ac., donde Seleuco, Lisímaco y Casandro unieron sus fuerzas para aplastar a padre e hijo, muriendo el primero y huyendo el segundo. Tras ésta, se repartirían los territorios en. No obstante, el obstinado Demetrio no cejó en sus intentos, hasta que tras la muerte de Casandro, consiguió hacerse con el poder en Macedonia, sin embargo no consiguió mantenerse, ya que fue derrotado por Seleuco, que lo hizo prisionero hasta su muerte.

Igualmente hubo nuevos cambios ya que Seleuco invadió los territorios de Lisímaco, y en la batalla de Crupedión en 281 ac. venció y dio muerte a este último. Llego entonces a controlar lo territorios Asia, Frigia, Tracia y Macedonia. Pero, nuevamente, poco duró la situación ya que llegado a Macedonia, fue asesinado por su aliado Ptolomeo Cerauno, hijo desheredado de Ptolomeo I, el cual se hizo cargo del reino de Macedonia, igualmente por pocos años ya que una invasión de los galatas acabó con él.

De esta forma, sería Macedonia la última en aclarar su situación, ya que el hijo del desaparecido Demetrio Poliorcetes, Antigono, consiguió vencer a los gálatas en la batalla de Lisimaquia en 277 ac., consiguiendo el trono macedonio, consiguiendo, esta vez si, una estabilidad dinástica.

Reinos de los Díadocos 270 ac.

Reinos de los Díadocos 270 ac.

     Quedaron de esta forma definidos tres reinos, con el inicio de las tres nuevas dinastías reales. En Egipto heredó el reino Ptolomeo II Filadelfo, Antíoco I Soter heredó el imperio de seleucidas y definidamente Antigono II Gonatas iniciaría la nueva dinastía real en Macedonia.

Pese, a que como no podía ser de otra forma, la estabilidad de los territorios nunca es del todo definitiva, de esta forma acabaron las guerras de los Diádocos, quedando fragmentado el otrora inmenso imperio Alejandrino e instaurando en los tres nuevos reinos con sus dinastías helenísticas, lo que provocó o continuó la expansión cultural de este nombre.

Neoptolemo.-

Fuentes:

Enciclopedia Historia National Geographic

Wikipedia

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